En la sobria elegancia de la fachada de la Catedral de Mérida, Yuc., destaca un escudo enfatizado por un exuberante marco de regate foliado (figura 1). Al centro se observa un águila coronada, con las alas abiertas y parada sobre un nopal, el campo del escudo está rodeado de una láurea y una moldura decorada con listones, como remate tiene una bella corona real y en la parte inferior del conjunto se observan dos cartelas en forma de pergaminos que rezan: “Philip III D.G. Hispaniarvm et Yndiarvam rex. Anno a nativitate domini 1599” (1). Estos elementos nos cuentan parte de la historia de la catedral, pero también el devenir político de México, como platicaremos a continuación.
La Catedral de Mérida comenzó a construirse en 1562, toda vez que el Papa Pío IV expidió, el 16 de diciembre de 1561, una bula con la que constituyó la iglesia mayor de la ciudad como catedral y asignó a San Ildefonso de Toledo como su patrono titular. Así, Fray Francisco de Toral, primer obispo de Yucatán, encargó la fábrica de la obra a Pedro de Aulestia. Después de 36 años, la magna obra se concluyó en 1598 o 1599, bajo la supervisión del Obispo Juan Izquierdo y el arquitecto Juan Miguel de Agüero (2)
Un año
antes había subido al trono español Felipe III, por lo que la nueva catedral
fue blasonada con su escudo. Algún cantero de vasta experiencia se encargó de
modelar el emblema del rey y los elementos exteriores. A decir del heraldista
Juan Peón Ancona (3), la forma del escudo (o boca), que todavía se conserva es
la típica del imperio español, un elemento rectangular con la base redondeada,
dividido en cuatro campos, el primero (arriba a la izquierda) y el cuarto
(abajo a la derecha) están ocupados por un castillo, el segundo y tercero por
sendos leones rampantes coronados; los castillos y leones representan la herencia
de los reinos de Castilla y León. En la parte de abajo, donde se unen el tercer
y cuarto campos, hay un pequeño espacio triangular que tiene una granada
rajada, representa al reino de Granada, el último reducto musulmán en capitular
ante los reyes católicos. En la parte central se observa un pequeño escudo
(escusón en heráldica), representa al reino de Portugal (figura 2).
Figura 2. Reconstrucción gráfica del escudo de Felipe III, en 1599
Un elemento llamativo es la láurea que rodea al escudo. En realidad, es un collar formado por eslabones entrelazados con pedernales y la piel de un carnero que cuelga en la parte inferior. Se trata de la insignia de una orden civil y de caballería, fundada en 1430 por el duque de Borgoña, Felipe el Bueno: la orden del Toisón de Oro, a la que pertenecieron diversos monarcas y príncipes europeos, especialmente los reyes de España desde Fernando el Católico en 1491. De acuerdo a Mínguez (4), los elementos de este collar, que también se puede ver en otros escudos de armas, así como en los ropajes de los personajes que formaron parte de la orden, representa la historia mitológica de Jasón y el vellocino de oro, hace alusión a un viaje con una misión complicada, el de Jasón y los argonautas para recuperar la piel dorada de un carnero y devolverla a su dueño, posiblemente como metáfora a una cruzada para recuperar Jerusalén que Felipe el Bueno estaba planeando, pero nunca llevó a cabo. Sin embargo, la orden del Toisón de Oro se transformó en un distintivo de prestigio entre la aristocracia europea, funcionó como una red de alianzas sociales y políticas. Pero, a partir del reinado de Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico (de 1516 a 1556), se convirtió en un símbolo de unidad y legitimidad de la monarquía española, como hasta hoy día.
Es probable
que, a pesar del cambio de dinastía en España, en 1700, cuando asume el trono
Felipe V de Borbón, el escudo de la Catedral de Mérida haya permanecido
intacto, como ocurrió en la de Puebla con el escudo de Felipe IV. No
obstante, después de la guerra independentista de México y el triunfo del
Ejército Trigarante, se instauró un nuevo régimen sociopolítico en 1822: el
primer Imperio Mexicano, con Agustín de Iturbide como emperador. Ese año, se
decretó que todos los escudos españoles fueran sustituidos por el de la
naciente monarquía, es decir, por el símbolo del águila con una corona en la cabeza (por tratarse de un imperio), las alas abiertas y parada sobre un nopal, haciendo alusión al mito de origen de los mexicas. Pero el imperio mexicano duró poco, fue abolido
en marzo de 1823, entonces las autoridades yucatecas mandaron cubrir la corona
del águila, aunque después, lo cubrieron todo (5).
En 1864, se
instituye el Segundo Imperio Mexicano, a cargo de Maximiliano de Habsburgo,
cuya casa dinástica estaba muy ligada a la orden del Toisón de Oro, por lo que
el escudo del águila coronada de la Catedral de Mérida se deja al descubierto
nuevamente. Después de tres años de fallidos intentos de gobernar un país que
al mismo tiempo pugnaba por ser una república independiente, Maximiliano fue fusilado
por órdenes de Benito Juárez el 19 de julio de 1867, con lo que concluyó la
etapa del segundo imperio y se restauró la República y también las Leyes de
Reforma que, desde 1857 promulgaban la separación entre el Estado y la Iglesia
(6). Así, con este contexto, el escudo catedralicio volvió a ser recubierto con
un emplaste de argamasa (figura 3).
Figura 3. El escudo cubierto en 1906
En 1876 llegó al poder el Gral. Porfirio Díaz, tras un golpe de estado (Plan de Tuxtepec) en contra de Lerdo de Tejada. Díaz asumió el poder primero como presidente interino en dos ocasiones y otras dos como presidente electo, alargando su estancia en la silla presidencial desde 1876 a 1911. Durante este tiempo de luces y sombras para la nación mexicana, hubo avances en la economía y un proyecto para modernizar al país, pero también grandes y notorias desigualdades sociales y represión política (7). Pero en algún momento de esta época, conocida como “Porfiriato”, el escudo de la Catedral de Mérida vuelve a ser parcialmente liberado de su cubierta, posiblemente después de la visita de Porfirio Díaz a Yucatán en 1906 (8).
Con el
inicio de la segunda década del siglo XX, empieza también un período convulso
para México, la Revolución, en la que se luchaba por acabar con la dictadura de
Porfirio Díaz, pero después se convirtió en un movimiento armado que, en
palabras del historiador Juan Brom (9) se desarrolló en medio de múltiples
contradicciones y confusiones, con el que se rompieron estructuras caducas y se
abrieron vías para un desarrollo nacional, a pesar de la subsistencia de
desigualdades económicas y sociales. En ese marco, en 1915, llegó a Yucatán
Salvador Alvarado acompañado de sus huestes, por orden del entonces presidente Venustiano
Carranza. Alvarado se instituyó como gobernador de Yucatán y restructuró el
comercio del henequén, liberó peones de las haciendas, creó escuelas,
bibliotecas, fundó el Partido Socialista Obrero, patrocinó el primer congreso
feminista de México, pero también se enfrentó al clero, expulsó sacerdotes, clausuró
iglesias, incautó el palacio arzobispal (actualmente conocido como Ateneo Peninsular),
y se le acusa de haber incitado el saqueo de la Catedral de Mérida, ocurrido el
24 de septiembre de 1915, cuando una turba enardecida por la idea de acabar con
el fanatismo religioso, destruyó la puerta de la iglesia, y rompieron todo lo que
estaba a su paso, incluyendo los retablos barrocos que adornaban el altar mayor
y los laterales del templo (10). Como parte de ese espíritu destructor, el
escudo de la catedral se volvió a enterrar completamente bajo un pegote de
argamasa. Es probable que, alrededor de la década de 1940, la
sección correspondiente al campo del escudo se limpiara, aunque los elementos
exteriores permanecieron bajo el emplaste (figura 4).
Figura 4. El escudo de la Catedral parcialmente visible en 1941.
En 1966 se llevaron al cabo diversas acciones de restauración de la fachada y otras áreas de la Catedral de Mérida, bajo la dirección del Arq. Enrique Manero Peón y del Ing. Rafael Luján Ponce, parte de esas actividades consistió en la limpieza del escudo y los elementos externos para dejar a la vista ese bello elemento que hoy día sigue admirando a propios y extraños. Cabe destacar que las obras de restauración de 1967 culminaron con la instalación del Cristo de la Unidad en el altar mayor de la Catedral.
1) Yucatán en el Tiempo. (s.f.) Escudo de la Catedral de Mérida. Enciclopedia Alfabética. https://enciclopediayet.com/new-post-760/
2) Gutiérrez, A. (s.f.). Historia. Catedral de Mérida. http://catedraldemerida.org.mx/historia/; Medina, V. (2022). La consolidación del clero secular en el Obispado de Yucatán, siglo XVIII. https://biblio.juridicas.unam.mx/bjv/detalle-libro/6826-la-consolidacion-del-clero-secular-en-el-obispado-de-yucatan-siglo-xviii
3) Yucatán en el Tiempo, op. cit.
4) Mínguez, V. (s.f.). El Toisón de Oro: insignia heráldica y emblemática de la monarquía hispánica. https://www.studiolum.com/congreso/anejos_imago/anejos-1/Minguez_Victor_El_Toison_de_Oro_insigia_heraldica.pdf
5) Yucatán en el Tiempo, op. cit.
6) Brom, J. (2017). Esbozo de la historia de México. Ed. Grijalbo
7) Ibidem
8) Yucatán en el Tiempo, op. cit.
9) Brom, op. cit.
10) Quezada, S. (2001). Breve historia de Yucatán. Ed. F.C.E.
11) Sánchez, H. (2020). Restauración de la catedral de Mérida 1966. Yucatán Ancestral. https://yucatanancestral.com/restauracion-de-la-catedral-de-merida-1966/



