sábado, 25 de abril de 2026

Ex-Hacienda San Nicolás Dzoyaxché: memoria verde entre ruinas y selva

Fachada de la casa principal de la
 ex-hacienda San Nicolás Dzoyaxché

 En el corazón de la Reserva Ecológica de Cuxtal se levanta la Ex-Hacienda San Nicolás Dzoyaxché, un espacio donde la historia del auge henequenero convive con la vida silvestre de la selva yucateca. Fundada en el siglo XIX, esta hacienda formó parte de la red agrícola e industrial que sostuvo durante décadas la economía de Yucatán a través del cultivo y procesamiento del henequén.

Entre sus estructuras aún en pie destaca la chimenea, testigo silencioso de la antigua casa de máquinas, así como la casona principal, cuyos arcos trilobulados conservan un aire señorial. Hoy, el edificio se encuentra parcialmente abierto al cielo, cobijado por las ramas de un enorme árbol que ha reclamado su lugar con el paso del tiempo. Bajo la casa, un semisótano sugiere funciones menos visibles en la vida de la hacienda; su uso como calabozo permanece como una posibilidad que despierta la imaginación.


Chimenea de la casa de máquinas, vista desde el atrio de la capilla

La capilla, dedicada a San Nicolás de Tolentino —santo italiano, como bien recuerda Don Domingo, actual encargado del lugar— fue construida en 1926. Su presencia añade una dimensión íntima al conjunto, reflejo de la vida espiritual que acompañaba el ritmo productivo de la hacienda.

El sistema hidráulico revela otra capa de ingenio: un tanque de agua conectado por canales de mampostería permitía irrigar el huerto, alimentado por el líquido extraído mediante una veleta desde un cenote cerrado que permanece oculto bajo el suelo. La relación entre naturaleza y tecnología queda aquí claramente trazada.

Hoy, San Nicolás Dzoyaxché es un parque ecológico. Senderos trazados entre la vegetación invitan a recorrerla a pie o en bicicleta, mientras la flora y fauna de la región se manifiestan en cada tramo. El criadero de venado cola blanca forma parte de esta experiencia; en una visita reciente, cuatro hembras preñadas anunciaban la continuidad de la vida en este entorno protegido.

La hacienda es un destino ideal para un día de exploración, así como un refugio para quienes buscan pasar la noche bajo un cielo estrellado. En Dzoyaxché, el pasado no permanece intacto: se transforma, respira y se entrelaza con la selva.

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