En el costado sur de la plaza
principal de Mérida, Yucatán, se encuentra la casa de Francisco de Montejo, el Adelantado, a
quien la historia reconoce como el conquistador de Yucatán, junto con su hijo y
sobrino, ambos del mismo nombre. De acuerdo con una inscripción en el frontón de
la fachada, este edificio se construyó alrededor de 1549, bajo la supervisión
de Fray Juan de Mérida [1], arquitecto que también dirigió la edificación de los
conventos de Izamal, Maní, Valladolid, entre otros.
Sin duda, lo que más llama la atención de esta casa es su portada
escultórica (fig. 1), que destaca por los intrincados grutescos que la decoran. Manuel
Toussaint, en su libro de Arte Colonial en México (1948), la denomina “la joya
más valiosa del estilo plateresco” [2], sin duda es el ejemplo de
arquitectura civil con este estilo mejor conservado que hay en el país. Cabe
recordar que el plateresco, también denominado Protorrenacentista, se fecha
hacia la primera mitad del siglo XVI, y se considera una transición entre el
gótico tardío y las ideas renacentistas. Es un estilo más que nada ornamental,
con decoración profusa que incluye motivos vegetales y mitológicos [3], muchos de ellos con una
carga simbólica, como veremos a continuación.
Descripción de la portada de la Casa de Montejo
La portada se divide en tres
secciones, la inferior que enmarca el zaguán con dos columnas corintias a cada
lado; en la segunda sección destaca un escudo rodeado por su lambrequín y
custodiado por las figuras de guerreros españoles, y la tercera parte corresponde
al frontón triangular, en cuyo tímpano se observan dos leones rampantes que
sostienen un pergamino coronado por la efigie de un hombre. La primera y segunda
sección están interconectadas por el soporte en forma de pedestal del balcón (fig. 1).
Programa iconográfico
En la base del soporte del balcón se reconoce una figura antropomorfa que está en posición seminclinada,
como si estuviera soportando un gran peso (fig.2). De acuerdo a Guillermina Vázquez [4], este personaje puede ser interpretado como Hércules. El
balcón está decorado con ocho rostros infantiles o femeninos con bocas abiertas
y cuerpos de aves, como las sirenas de la mitología griega (fig. 3), a las que también
podemos observar en los capiteles de las columnas y en el friso de la sección
inferior, al igual que quimeras (fig.4) y pequeños rostros de faunos. Estos últimos los
volvemos a ver debajo de los guerreros españoles que custodian el escudo en la
sección superior (fig.1). En el marco de la puerta se observan dos pequeñas cartelas, cada una sostenida por un par de hipogrifos, que anuncian en latín “El amor de Dios vence” (fig.5).

Figura 2. Soporte del balcón. ¿Montejo/Hércules?
Como mencionamos antes, en la decoración del estilo plateresco era común
incluir seres mitológicos, otros ejemplos los encontramos en la iglesia de
Yuriria en Guanajuato, donde hay representaciones de sirenas, Hércules, Apolo y Hades [5] o faunos en la portada del Convento de Dzidzantún en Yucatán [6]. Estos personajes representan un
mensaje para los observadores del siglo XVI, el cual trataremos de desentrañar
aquí. A continuación revisaremos, brevemente, el significado de Hércules, las sirenas, los faunos, las quimeras y los hipogrifos en la iconografía plateresca del siglo XVI:
Hércules o Heracles: es un semidios que había ganado fama por su fuerza
y su valor. Para probarlo, el rey de Micenas le encarga doce trabajos: matar
al león de Nemea y a la hidra de Lerna, capturar a la cierva de Cerinea, al
jabalí de Erimanto y al toro de Creta, robar las manzanas del jardín de
Hespérides, entre otros. En la aventura del robo de manzanas se encuentra con
Atlas quien le hace cargar el mundo. Los objetivos de estas tareas eran demostrar su fuerza y valía, así como expiar sus culpas, pero también luchar contra
el caos y restaurar el orden [7], este héroe era considerado un ejemplo de fortaleza y perseverancia. Además,
Hércules fue parte de las estrategias propagandísticas de la dinastía Habsburgo
y los reyes católicos, a través de él pretendían reforzar su imagen de reyes
fuertes, valientes y protectores [8].
Sirenas o arpías: en las tradiciones mitológicas egipcias y griegas, estos seres tienen rostros de mujer y cuerpos de aves. La literatura las presenta como símbolo de las tentaciones que los hombres enfrentan, representan los vicios, la lujuria, pecados de carne y los placeres. Por eso, en el catolicismo se consideraba que los cristianos se debían atar al símbolo de la cruz para resistir los pecados del mundo, así como Ulises se ató al mástil de su barco para no sucumbir al canto de las sirenas [9].

Figura 3. Las sirenas del balcón y una representación de una sirena griega
Faunos y quimeras: los faunos son seres híbridos, mitad hombre y mitad cabra, están asociados a la fertilidad, pero también a la naturaleza salvaje, el caos, el instinto y el goce de los placeres. Por otra parte, las quimeras son criaturas que combinan partes de diferentes animales, como leones, serpientes y cabras; representan la amenaza del caos, lo irracional, lo monstruoso y lo desconocido [10].

Figura 4. Quimeras y sirenas en el friso de la primera sección de la portada

Figura 5. Hipogrifos sosteniendo una cartela con parte de la frase "El amor de Dios Vence"
Conclusión
Con estas ideas en la mano, podemos
considerar que el programa iconográfico de la portada de esta casa es un
homenaje a Francisco de Montejo, en donde lo presentan como Hércules, el héroe
mítico capaz de soportar sobre sus hombros el peso de la conquista, de eludir
el canto de las sirenas que, posiblemente, lo instaban a abandonar la empresa.
Montejo/Hércules, quien tuvo la valentía para enfrentarse a lo desconocido, a
un nuevo mundo inhóspito, con una selva impenetrable, calor extremo, escasas
fuentes de agua y múltiples peligros acechando entre los árboles. Un héroe
persistente, pues le llevó 20 años conseguir la conquista de Yucatán, pero
que al final logró imponer la razón sobre el caos, dominó la naturaleza
salvaje y el impulso de los instintos.
Por otra parte, con la frase “El
amor de Dios vence” custodiada por hipogrifos, remarca el carácter religioso de
la conquista, además de los intereses militares y económicos. Es una declaración
propagandística con el objetivo de consolidar la imagen del poder conquistador
como una extensión de la voluntad de Dios. Así, la decoración de la Casa de
Montejo se convierte en un manifiesto visual de poder, conquista y legitimación
religiosa.
[1] Millet, L. (2023). La Casa de Montejo: Historia y Arquitectura

Yo creo que ah hecho un gran labor y merece ser valorada mis respetos 🙌🏾🕵🏾
ResponderEliminarMuchas gracias!
EliminarExcelente artículo; breve, conciso y con abundante información sobre la fachada de este emblemático edificio de Mérida. ¡Felicitaciones!
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