Recorrer la ciudad prehispánica de Cobá es adentrarse en la selva tropical de Quintana Roo: una experiencia que invita a descubrir antiguos grupos arquitectónicos entrelazados por sacbés —las calzadas mayas—, rodeados por lagos que, además de definir el paisaje, dan nombre al sitio.
Cobá, cuyo significado se ha interpretado como “Aguas Turbias”, es un asentamiento que abarca cerca de 70 km². Su desarrollo comenzó en los primeros siglos de nuestra era, aunque alcanzó su mayor esplendor entre el 300 y el 900 d.C. Durante ese largo periodo, se consolidó como una de las ciudades más grandes y poderosas del norte de la península de Yucatán. Testimonio de ello es su extensa red de caminos elevados, algunos de los cuales conectaban con ciudades subordinadas, como Yaxuná, a casi 90 kilómetros de distancia.
Más allá de su imponente traza urbana, Cobá fue un importante centro de poder político. Aún se conservan más de 30 estelas talladas con imágenes de gobernantes y textos jeroglíficos que narran episodios de su historia. Gracias a estos registros, hoy conocemos el nombre de al menos 14 de sus dirigentes, entre ellos Jun Pik Tok y figuras femeninas como Ixik Yoopat o Ixik K’awiil Ajaw, lo que revela la participación activa de mujeres en el gobierno de la ciudad.
Particularmente notable es el caso de la Señora Yoopat, quien gobernó durante aproximadamente 40 años en el siglo VII. Representada con ricos atuendos de jade y plumas, y de pie sobre cautivos, su imagen transmite autoridad y poder. Todo indica que su mandato estuvo marcado por conflictos y estrategias de expansión, lo que la posiciona como una figura clave en la historia política de Cobá.
Hoy, recorrer este vasto sitio —muchas veces en bicicleta— no solo implica desplazarse entre estructuras antiguas, sino también seguir las huellas de una ciudad que supo dominar su entorno y construir una red de poder en medio de la selva. Cobá no se visita: se recorre, se explora y se siente.

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