Ser hombre o mujer es más que una cuestión biológica, las
conductas que definen a un individuo
como femenino o masculino son adquiridas a través de la interacción social y representadas de acuerdo a la cultura en que
está inserto, en otras palabras, lo femenino y lo masculino varían de sociedad a sociedad y a través del tiempo, esto
implica que “hombre” y “mujer”
son categorías abiertas que sólo pueden definirse dentro de un contexto
cultural dado.
La propuesta
de género surge en el seno de los movimientos feministas, principalmente en la década de 1970s, como una alternativa para contrarrestar la insuficiencia
de los cuerpos teóricos existentes al explicar la desigualdad constante entre hombres
y mujeres (1). Desde entonces, el movimiento feminista
ha influido en las ciencias
sociales, incluida la arqueología, advirtiendo que las investigaciones pueden
estar influidas por un sesgo
andrógino.
Estudios de género en
arqueología
Los estudios de género en la
arqueología maya se inician con Tatiana Proskuriakoff en 1961, con su artículo
“Portraits of women in maya art”, dónde
identificó representaciones de mujeres nobles mayas en una serie de figuras
esculpidas en piedra, fechadas para el período Clásico (2). Aunque, la primera
vez que se identificó el género como problema arqueológico fue en los 1980,
como resultado de los movimientos feministas (3).
Debido al carácter de la
arqueología, los estudios de género en esta disciplina deben interesarse en la forma en que las relaciones entre hombres
y mujeres, como dinámica fundamental de la sociedad,
se expresan en los objetos materiales (4), es decir, la marcas que el género, a
través de conductas, usos y costumbres deja como huellas indelebles en los
objetos. En este sentido, el género de debe entender como un proceso y un
efecto material, más que como una experiencia o un estado de ser.
Estudios de género en la arqueología
maya
Para interpretar las relaciones
de género que pudieron existir entre los mayas prehispánicos, se han usado diversos enfoques, entre los que
sobresalen los modelos jerárquico y heterárquico. El primero traza
relaciones verticales entre los géneros, como en el patriarcado, donde se privilegia el poder de los hombres sobre
las mujeres. Mientras que el modelo heterárquico describe sociedades con múltiples terrenos de estatus y poder,
en los que las funciones de hombres y
mujeres son paralelas o complementarias (5)
Entre los investigadores que han
usado el enfoque jerárquico destacan: Cristina
Gailey que definió al género jerárquico como la asociación cultural
entre lo que se considera masculino y
el poder social. Por su parte, Patricia Mann consideró que el género jerárquico sistemáticamente devalúa la trascendencia
de las acciones características de las mujeres.
Mary Celand Pohl investigó, bajo este enfoque, el potencial de agencia de la
mujer inserto en el sistema tributario del período de la conquista de Yucatán;
la autora argumentó que la agencia
femenina se producía, generalmente, en términos de resistencia (6).
El enfoque
heterárquico describe, principalmente, dos tipos de relaciones de género: relaciones paralelas y relaciones
complementarias. Las primeras las define Cohodas como las actividades o posiciones abiertas a hombres y mujeres,
pero que no requieren de la participación de ambos géneros.
Las relaciones complementarias se refieren a las
actividades o posiciones en las cuales las contribuciones diferenciadas de hombres y mujeres son necesarias para un
resultado exitoso (7).
Por su parte, Erika Hewitt examinó evidencias de paralelismo genérico en las frases de título de tres mujeres mayas que tuvieron la posición de gobernantes en el Clásico. Ella argumentó que la falta de una feminización en los glifos emblema sirvió para masculinizar a las mujeres gobernantes. De tal forma que la ascensión de las mujeres a las altas posiciones de gobierno articulaba una interacción entre jerarquías de género y paralelismo genérico (8). Joyce también habló de paralelismo de género al notar que, tanto hombres como mujeres, posibles gobernantes y sus esposas o madres, podían ser representados con posturas y atributos similares. Por ejemplo, en algunas estelas los gobernantes son retratados portando barras serpentinas y cetros maniquís, como símbolo de mando, pero también hay representaciones femeninas que portan estos mismos elementos, como se observa en la imagen. En otras estelas el gobernante está parado sobre un cautivo, en señal de victoria bélica, y también se han encontrado monumentos con retratos de mujeres en ésta misma pose (9), como se puede observar en las imágenes siguientes:
La complementariedad ha tenido mayor aceptación en los estudios
de género domésticos, tanto mesoamericanos como andinos, así como en el ámbito religioso y político.
Un ejemplo es la interpretación que hizo Tate del dintel 25 de Yaxchilán*, el cual consideró
una simbolización de la
complementariedad de lo masculino
como el cielo y lo femenino como la tierra (10).
Por su parte, Cohodas (11) considera, con base en el análisis del Códice Mendoza, que en las sociedades prehispánicas, así como en cualquier sociedad humana, pueden coexistir relaciones de género paralelas, complementarias y jerárquicas, pero con diferentes formas y niveles de interacción. Por tanto, propone que es necesaria una mayor flexibilidad en la aplicación de los modelos de relaciones de género.
Notas
1. Gutiérrez Castañeda, G. (2002). Perspectiva de género: cruce de caminos
y nuevas claves
interpretativas. Ed.PUEG-Porrúa. Pp. 54
2. Klein, C, (2001). Gender in Prehispanic America. Dumbarton Oaks. Research Library and Collection, Washington, D.C. Pp. 3
3. Sorensen, M.L.S. (1998). Arqueología de género en la arqueología europea: reflexiones y propuestas. Arqueología No. 19:157-172.
4. Sorensen, Op cit.
5. Hays-Gilpin y Whitley 1998: 294; Cohodas, M. (2002). Multiplicity and Discourse in Maya Gender Relations. En Ancient Maya Gender Identity and Relations, editado por Lowell Gustafson y Amelia Trevelyan, pp. 11-54. Bergin & Garvey, Connecticut. Pp.: 17-28
6. Cohodas, Op cit.: 17-28
7. Cohodas, Op cit.: 22
8. Cohodas,
Op cit.: 23
9. Cohodas,
Op cit.: 23
10. Cohodas, Op cit.: 25
11. Cohodas, Op cit.: 28



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